Tres dudas

Un eminente profesor, experto en evolución y antropología, me plantea tres dudas:

Duda primera. Copio:

 …admito que existen las especies como cuestión de ”hecho” (genéticamente) pero existe dificultad para concebir su existencia desde un punto de vista conductual  (que se comporten como tales especies como un grupo común)…y de derecho (la especie humana casi ha conseguido hacerlo….).

Efectivamente esa dificultad de concepción existe y seguramente ha sido una de las razones de que no se haya visto mi idea básica. Y sigue existiendo la dificultad ya que es la misma objeción que ponen quienes dicen que las especies no existen, que son un constructo mental,  un concepto o categoría sin existencia real usados para clasificar a los seres vivos.

Acabo de escribir otra nota titulada Las especies y el Hombre para responder a estas objeciones. Creo que queda claro en ella que las especies no son constructos mentales sino unidades reales, o sistemas evolutivos supraindividuales como dice Dobzhansky.

El ejemplo de un ejercito (conjunto de fuerzas, según la RAE) puede servir  para ver la idea.  El ejercito A es un constructo mental del hombre. No existe como tal, que diría Harari. Existen sus componentes: soldados, oficiales, jefes, sus pertrechos, sus normas y sus circunstancias.  Pero actúa como una unidad real a través de sus individuos y grupos. Y los objetivos básicos del ejercito como conjunto son los mismos como fines y objetivos finales (ganar la guerra, mantener la paz…) pero distintos de los objetivos parciales de sus componentes (ganar una batalla, guardar una posición, sobrevivir,…). Quienes normalmente conocen y actúan bajo normas y ordenes individuales o grupales. Y la suma de lo que hacen y no hacen ellos es lo que hace y no hace el ejercito. Quien, en cada momento, es el conjunto de sus individuos y sus circunstancias. Conjunto resultante de sus propias acciones y de las de su entorno. Y en cada momento, el constructo ejército A, es algo real que ha actuado o ha estado inactivo, como tal,  a través de la actividad o inactividad de sus individuos y grupos. Y que ha ganado o perdido las batallas, hombres, pertrechos… que han ganado sus individuos y grupos.

De forma similar las especies actúan, en cada momento, como una unidad: a través de sus individuos y grupos. Aunque estos no lo sepan y actúen según sus instintos y las normas de comportamiento heredadas o aprendidas de los grupos a que pertenecen. Normas que son universales (la de intentar supervivir), de la especie (las que haya heredado y adoptado) y grupales (también heredadas y adquiridas por el grupo o grupos a los que pertenece cada individuo). Y todo lo que los individuos y grupos hacen y reciben de su entorno, y lo que se modifican -genética o epigenéticamente o como sea- repercute en toda la especie. Y el conjunto o colectivo resultante en cada momento es la especie real, y potencial en cada momento. Y en las especies naturales, su “construcción” no la ha hecho el hombre. La continúa haciendo cada una de ellas desde su origen, sea este por especiación anagenética, por ramificación, por creación, o como sea. Y si el hombre ha “creado” especies por cruces o ingenierías varias, ha creado especies reales, no mentales. Además de usar el término especie para otras cosas.

Y, naturalmente, las especies animales no saben que son especies aunque lo sean. Y  tampoco lo saben sus individuos aunque, con la libertad que cada uno tenga, se comporten según las normas  heredadas y adquiridas de sus especies y grupos. Normas que han sido heredadas o asumidas por cada especie según sus circunstancias y las de su entorno para intentar supervivir. Las especies que han acertado y han podido adaptarse a su entorno han sobrevivido como tales o convirtiéndose en otra u otras. Las que no, han desaparecido con sus últimos individuos. Como los ejércitos exterminados o disueltos.

Los hombres tampoco saben explícita y racionalmente, o no quieren asumir, que forman parte de una especie. Y que su deber imperativo y prioritario, impreso y actuante en ellos, es intentar la supervivencia de la especie de que forman parte. Y si aceptan lo de la especie piensan que es algo hecho por ellos, un constructo mental humano.

Por sentido común se intuye que el Hombre – el colectivo Hombre y los individuos hombres que lo componen-  no se han dado el mandato y  las normas primeras para reproducirse y supervivir.

El mandato primero y las normas de comportamiento sucesivas están en los lenguajes universales y de la propia especie en los que está escrito el programa vital de cada individuo. Lenguaje que apenas conocemos y que vamos descubriendo muy poco a poco. Y cuyo origen y totalidad seguramente tardaremos algún tiempo en conocer.

Voy a repetir aquí, por su oportunidad, las citas incluidas en la nota sobre Las especies y el hombre:

De la doctora López-Moratalla:

“El principio vital unitario de cada uno de los vivientes causa eficientemente un organismo que en el caso de los animales esta finalizado intrínsecamente a vivir y transmitir la vida para que se mantenga la especie”.  

El animal conoce su para qué en el sentido de que lo conoce en cuanto que su biología le dice lo que le conviene para vivir y reproducirse y así acertar en su propio fin: la supervivencia de su especie.

Y del doctor Rodríguez Valls:

Cualquier argumento evolucionista incorpora la supervivencia de la especie como fin de la vida.   

Vale el símil del ejército: los soldados y sus mandos tienen normas individuales de  comportamiento para intentar conseguir el objetivo, desconocido para ellos, del ejercito como sujeto. Normas que pueden ser acertadas o no. Y cada individuo tiene más o menos libertad para cumplirlas y adaptarlas a su entorno según cada especie. 

La segunda parte de la duda, la especie como cuestión de derecho, la especie humana como “ Nosotros los hombresconstituyentes”, es o será una creación del hombre: de momento como concepto, intención y aproximación. Y, como digo en mi librito, espero que alguna vez exista como hecho jurídico si es para bien. Ese constructo podría ser un medio o estrategia más, tal vez imprescindible, para la supervivencia de nuestra Homo sapiens o Humanidad.  Para la supervivencia de los hombres individuales vivos, muchos o pocos, que en cada momento conformen la especie Hombre: la especie o humanidad del hombre entero de la Gaudium et Spes. O del hombre natural de los ateos. O del hombre racional de los filósofos. Del hombre sea lo que sea.

La segunda duda es sobre la ”ética natural” altruista… 

…y el temor a que de esa “ética natural” se pase a una ética “naturalista” (reduccionista o materialista). 

Mi idea fundamenta, no define, las éticas parciales y contingentes aplicables. La idea básica dice que existe implícito en cada hombre, como ser humano Hombre,  el deber imperativo y prioritario de colaborar en la supervivencia de la propia especie Hombre. Y que por ser la nuestra una especie social, cada hombre/ persona hereda el deber de comportarse como un ser social de la especie hombre. Y la especie “sabe”, por herencia o por creación y ha asumido en su programación vital común, que el medio más eficaz y eficiente para sobrevivir ha sido y es alguna forma (o todas) de lo que yo llamo el altruismo grupal amplio. Y ese saber está implícito en los individuos de los grupos que más y mejor han ejercido alguna forma de altruismo y que por ello han sobrevivido. Los grupos que no fueron suficientemente altruistas se han extinguido o están en vías de extinción en entornos en los que también, como es obvio y natural, funcionan la lucha y la competencia individual y grupal en entornos con recursos naturales escasos para las demandas existentes.

Lo que sí ocurre es que las normas de comportamiento deducibles de mi principio ético universal son, como es lógico, contingentes. Lo dijo ya Santo Tomás en la Summa  q.94.a.4. Es decir que las éticas aplicables deben estar en consonancia con las circunstancias de cada entorno en cada momento. Y esas normas o éticas serán normalmente naturales- y naturalistas y reduccionistas- porque son unas éticas de mínimos. No buscan prioritariamente el objetivo de que el hombre sea más sabio puro (ver a Ortega y el uso de la inteligencia), ni otros posibles objetivos trascendentes. Aunque si las normas son buenas (si están de acuerdo con el principio ético universal) valdrán también para que el hombre sea más sabio y más santo. Y viceversa:

Que el hombre, además de natural,  sea considerado espiritual y trascendente debe ser bueno para el imperativo vital, ya que las posibles normas éticas adicionales para ser más sabios y más santos, y con ello intentar conseguir los objetivos espirituales o trascendentes, deben confirmar y reforzar las éticas “naturales”. Si no es así, las discrepancias serán fruto de error, de egoísmo individual, o de mala fe.

Pero creo que yendo al fondo del temor, son efectivamente unas éticas válidas  velute Deus daretur y etsi Deus non daretur.  El principio ético universal derivado de la idea básica solamente necesita a un posible Creador y mantenedor como legislador inicial de este principio de la ley natural. A partir del Creced y multiplicaos y cuidad la Tierra… correspondería al hombre desarrollar y aplicar las normas concretas. Con la enorme libertad y capacidades que el hombre tiene. Sin perjuicio de que el posible Legislador haya intervenido o intervenga, si quiere, cuando el Hombre lo haga mal.

Este modelo ha resultado bien hasta ahora. El peligro está en que el hombre no se ha dado cuenta de que el mandato implícito es global y universal para toda la especie o Humanidad y ha actuado y sigue actuando en grupos parciales. Conviviendo y “prosperando” en colectivos, verticales y transversales, cada vez mayores. Con un altruismo grupal interno pero también con los otros factores naturales de lucha y de competencia entre grupos y colectivos.

Esta competencia grupal necesita explicitar el principio ético universal para que los colectivos parciales (naciones, uniones, culturas, religiones, tendencias…) vean y asuman que forman parte del Gran Grupo que es toda la especie, toda la Humanidad. Y que vean y asuman la supervivencia de esa Humanidad como objetivo. Y  que vean y asuman al altruismo amplio como medio para intentar conseguirlo. Altruismo aplicado ahora al total del Gran Grupo Hombre como conjunto de los muchos colectivos que forman la especie o Humanidad en cada momento. 

Existen y deben existir éticas parciales: materialistas, espirituales, trascendentes…: de los no creyentes en las distintas sabidurías (ver documento de la Comisión Teológica Internacional) y de los creyentes en un Dios o posibles dioses. Si las sabidurías y creencias son buenas, las éticas derivadas de ellas deben coincidir con las resultantes del principio ético universal ya que si Dios existe, este principio ha sido dictado por Él como parte de su Ley Natural.  Los creadores de éticas creyentes deberían tener por ello mayor facilidad para dictar y seguir estas normas naturales. Con independencia que tengan, además,  normas específicas para sus objetivos trascendentes. Los no creyentes deben, como todos los hombres, asumir el principio ético universal que es un principio de mínimos, aceptando que puede haber objetivos espirituales y trascendentes que la ciencia humana no conoce y que muchos hombres quieren intentar conseguir.

Con todo ello,  es claro que si existen discrepancias entre las posibles normas éticas contingentes de unos y otros, se deberán a errores de interpretación o a egoísmos individuales o grupales. El principio ético universal, si es cierto, debe servir de base para revisar y establecer las  normas éticas actuales y futuras comunes a naturalistas, espiritualistas y creyentes. Con la lógica dificultad que tiene el saber cuales son los actos buenos: tanto desde el punto de vista teleológico como del deontológico.  Ver en su caso la nota sobre el libro de Victoria Camps.

La tercera duda se refiere a que…creo que del status natural del  “ser” humano no se deriva el “deber ser” fundado en el amor que propugnas” . Y dicho de otra manera:… no veo que del ser natural humano se derive la obligación de amar al semejante y de cuidar del mundo.

Esta duda es fácil de resolver. Es una duda de filósofos y teólogos quienes intentan partir del qué sea el hombre, del status natural o del ser natural del hombre para pensar en cual sea, o deba ser su ética, sus normas de comportamiento. Es decir quieren partir de la naturaleza o esencia del hombre para, según sea esta, deducir de ello, cual es su imperativo ético.  

Como digo en mis escritos, mi altruismo no se basa en la naturaleza del Hombre, en la naturaleza de cada uno de los hombres. Mi altruismo amplio, en todas o algunas de sus formas, es una estrategia, no inventada sino recibida o heredada por el hombre – sea cual sea su naturaleza y origen- como elemento necesario e incipiente para vivir en sociedad.  Estrategia incipiente que el Homo sapiens convirtió en su principal medio para supervivir y para dominar al resto de especies.  Y  el altruismo/amor, amplio y humano, solamente se entiende plenamente si se ve como el principal medio, recurso o actitud para supervivir: como individuos, grupalmente y como especie.

Dicho de otra manera: el hombre como ser vivo tiene el deber, como todos los seres vivos, de intentar que su especie superviva. Y para eso vive, se reproduce y cuida a su prole y a sus prójimos. Y  todo esto supone la obligación de cuidar a su entorno en cuanto es necesario para el bienestar y supervivencia de sí mismo, de su familia y de los miembros de su grupo.  Como hacen normalmente las especies sociales, sobre todo las dominantes: hormigas, abejas,… El amor a los semejantes y el cuidado del mundo como entorno, son parte del altruismo grupal. Que, además, siempre es retribuido: de forma material si existe reciprocidad material inmediata o diferida, en forma de más aprecio de los individuos y del grupo a quienes se ama y cuida, y como autoaprecio por cumplir el mandato de dar o cuidar gratuitamente o incluso a costa de algo. Y para los creyentes como mérito para sus fines trascendentes.

Indudablemente, los hombres tenemos un enorme grado de libertad y no existe una obligación inmediata e inevitable de ser altruistas. Existe, como norma de la especie, la “recomendación vital” de ser altruista. En el fondo de nuestro cerebro. Como medio para supervivir conviviendo. Esta recomendación es más fuerte y está más o menos activada y actualizada según la herencia recibida y el entorno en que se ha formado nuestra conciencia individual. Recomendación que cada persona atiende y pondera, más o menos consciente, o inconscientemente, teniendo en cuenta el costo y el resultado de sus acciones para él y para los demás. Todo este proceso de valoración individual está ya muy estudiado aunque aún no se ha entendido totalmente.  Se entiende mucho mejor teniendo en cuenta estas ideas.

Y en cualquier caso, es claro que el altruismo/amor individual y grupal es bueno para el bienestar y la supervivencia. Tanto para los individuos/personas como para los grupos y para toda la especie humanidad. Y así lo han visto los sabios y santos, creyentes y no creyentes, que en el mundo han sido. Con altruismos y amores parciales, muchas veces reducidos a los grupos que cada uno ha abarcado física o espiritualmente: los hijos, la familia, los amigos, los próximos, los miembros de la tribu, el clan, la nación, el pueblo, los de la misma raza o religión, la patria…

Los creyentes tienen ventaja porque sus colectivos son más amplios. Y los cristianos, desde Jesús, tienen claro el concepto de humanidad y el mandamiento de amar a todos los hombres. Aunque en la práctica sea algo distinto.

Como ejemplos, voy a tratar de recordar a personas que, en los últimos tiempos,  han recomendado y ejercido el amar o/y ser altruistas:

. El citado Jesús de Nazaret con su : Que os améis los unos a los otros…A todos.

. San Pablo en la epístola a los Corintios: Ya podría yo ser …sin amor no soy nada.

. San Agustín: Ama y haz lo que quieras.

. La Iglesia: En sus encíclicas, homilías, exhortaciones …

. La madre Teresa de Calcuta. Y  todos los misioneros y ONGs . Ejerciendo.

. Todos los hombres: Dando algo a otros de una u otra manera. Viviendo y conviviendo

. Darwin: El hombre debe su inmensa superioridad a sus hábitos sociales que le llevan a ayudar y a defender a sus semejantes.

.Edgar Morin. Comunista: “Debemos hablar de amor sin sentir vergüenza… Amor que desea desbordar la esfera de la vida privada y extenderse a la especie y al mundo”.

. Koprotkin. Anarquista:  y su ayuda mutua.

.

. Añadir por el lector otros muchos casos conocidos… Lista interminable. 

En las páginas 51 a 53 de Supervivir amando digo que la especie también recomienda la competencia y la lucha como medios para supervivir.  Pero igual que la colaboración y el altruismo sublimados se convierten en el amor puro, el sano interés propio y la competencia se pueden sublimar en exceso de egoísmo, en lucha y  en odio. Y es claro que la competencia y el mirar por el propio interés son buenos en sus justos límites. Pero también es claro, y así lo ha entendido la especie,  que la colaboración y el altruismo/ amor son más eficientes y eficaces que la lucha fratricida y el odio.

La historia de las especies sociales y la del hombre demuestran lo anterior. Y hay cada vez más opiniones que muestran que nuestro comportamiento y nuestro cerebro están orientados a este comportamiento altruista. Ver  La evolución del amor de Gerald Hüter,   La revolución generosa de Stefan Klein, Dar y  recibir de Adam Grant…Y el más reciente y físico trabajo de Donald W. Pfaff de 2015: El cerebro altruista. Porqué somos naturalmente buenos.

El pensar en el altruismo/amor como elemento positivo en la convivencia ha sido una constante en la historia y esta tendencia se ha acentuado en los últimos años. Ver también mi nota sobre Cosmosapiens de John Hands y mis comentarios a Damasio y otros en Supervivir. Ideas para una ética universal. Pero todos estos pensadores no han acertado en ver el altruismo amplio y se han quedado en altruismos parciales. Buenos pero parciales: cooperación, colaboración, ayuda mutua, simpatía, amor filial, solidaridad, fraternidad, caridad,…. Todos ellos factores y elementos buenos pero a los que les falta el objetivo básico: el imperativo vital. Y por ello son altruismos parciales que dependen, cada uno de ellos, de motivaciones parciales. Y hay altruismos instintivos, gratuitos, recíprocos, onerosos… Y que tienen como sujetos a individuos, personas, grupos parciales, e incluso a los genes. Pero que, sin objetivo vital, carecen de sentido pleno para el Hombre como colectivo global. Y que por ello presentan contradicciones entre sí. E incoherencias entre distintas “virtudes”: justicia, dignidad, solidaridad,…. 

En resumen, para entender los altruismos parciales de cualquier tipo hay que entender y asumir lo que llamo el altruismo amplio. Altruismo amplio que es imprescindible para la supervivencia de la humanidad como colectivo global. Y en sentido inverso, no se entiende el altruismo amplio sin entender el imperativo vital de supervivencia del Hombre. Son ideas complementarias: un grupo social como el género humano no puede supervivir sin altruismo grupal amplio. Y el altruismo, en cualquiera de sus formas, no se entiende si no existe el imperativo vital de supervivir. Sin perjuicio de los altruismos espirituales o trascendentes, que en su caso, refuerzan al vital “natural”.

J.C. Madrid, 5.2.2018 , las 19,49.  Revisado el 24.2.18 a las 0,05

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