-Resumen-

0.- Hipótesis – Presentación 

El propósito de esta web es contrastar y difundir dos ideas biológicas y un Principio Ético Universal

Idea básica: Como todas las especies biológicas conocidas, la Homo sapiens, tiene el objetivo o finalidad de supervivir y el imperativo vital de intentarlo.  Sin perjuicio de que el Hombre o los hombres, puedan tener otros fines u objetivos: materiales, espirituales o trascendentes.

2ª.- El altruismo amplio grupal (instintivo, recíproco, gratuito, oneroso,…) es el mas eficaz y eficiente medio para conservar y transmitir la vida, para supervivir, en todas las especies sociales. En especial lo ha sido, y es, en la nuestra.

3ª. De lo anterior se deduce el siguiente principio ético universal: Es bueno/mejor, lo que, hecho altruistamente, sea bueno/ mejor para la supervivencia de nuestra especie. Lo de “hecho altruistamente” podría omitirse ya que, según lo dicho, está implícito en el resto de la frase. 

El primero de estos conceptos, o idea básica, parece elemental y obvio y su contenido está implícito y actuante en todos los seres vivos, pero, salvo error, no ha sido enunciado hasta ahora con el alcance de nuestra proposición.

Analizando su contexto, una primera originalidad de esta idea consiste en considerar a las especies biológicas como sujetos reales y activos. Mientras que, tradicionalmente, los biólogos y los filósofos han considerado sujetos a los organismos individuales, animales y hombres.   

Otra novedad es que el objetivo o fin principal de las especies es la supervivencia. No la reproducción, o la evolución, o el bienestar, o …, fines buenos pero que son medios para el objetivo vital prioritario.

Por las objeciones recibidas parece que no es fácil entender los dos conceptos, especie y supervivencia, y su relación.  Como ya decía Mayr, parece que, en este caso,  la mayor dificultad reside en el uso clásico, reductor e inadecuado, del concepto de especie por los propios biólogos.  

Esta introducción intenta prevenir de algunas de las más frecuentes dificultades para ver estos nuevos conceptos.  En el caso del altruismo, la principal dificultad consiste  en ver y asumir la acepción ampliada propuesta para el término altruismo: en nuestra hipótesis, el altruismo es un concepto extenso, no reducido a las acciones gratuitas. Y el principio ético universal no es otra cosa que hacer explícito, para  los hombres, el imperativo vital implícito en todos ellos. 

1.- El Imperativo Vital

Concepto básico:  Como todas las conocidas, la especie Homo Sapiens tiene la finalidad  de supervivir y el imperativo vital de intentarlo.

Si esta proposición es cierta, se deduce de su propio enunciado un principio ético universal que se puede expresar como sigue: Es bueno/mejor lo que sea bueno/mejor para la supervivencia de nuestra especie.

Aclaraciones. La verificación o justificación científica de la hipótesis básica se puede hacer de varias formas. Pero dada la polisemia y el uso clásico de algunos términos, conviene aclarar previamente las acepciones en que se utilizan los más significativos.

Especie. Aunque la hipótesis se cumple para las más de veinte acepciones del término, este queda claro y suficiente si se usa la de Mayr para las biológicas: “Una especie es un conjunto de poblaciones naturales capaces de cruzarse unas con otras…”. Y no en el sentido de clase, o de nivel taxonómico, sino como conjunto real y concreto de los organismos individuales que las componen en cada momento. Los organismos individuales y sus grupos y poblaciones, también representan a sus especies cuando actúan como tales.

Homo sapiens u Hombre: Es el género humano o conjunto de los seres vivos hombres, de la especie biológica y social Homo Sapiens, existentes en cada momento.

El hombre:  como ser vivo, es a estos efectos  el individuo, varón o mujer, de la especie humana. Y por ello es el organismo individual semejante – análogo, equivalente…- al resto de los seres vivos, especialmente a los de otras especies biológicas sociales de reproducción sexual.

Sin perjuicio de que el hombre sea o pueda ser diferente, en su esencia o  naturaleza, a todos los demás seres vivos. Y tenga también caracteres propios, únicos y diferentes, del resto de seres vivos.

La finalidad: es supervivir, permanecer en el tiempo, perdurar. Es decir conservar y transmitir, iterativamente, la vida que contienen los seres vivos que constituyen cada especie en cada momento. Sin perjuicio de que el fin final no sea conservar la especie como tal; las especies son medios construidos para supervivir. Es decir el objetivo vital también se conseguiría si la especie se convierte, para supervivir, en otra u otras.

Otros fines posibles: Los hombres pueden tener otros fines materiales (ser físicamente más altos, más fuertes, más sanos, más longevos,…) o espirituales (más felices, más sabios, …) o trascendentes (más santos para vivir eternamente felices).

Para conseguir estos fines es necesario que existan hombres, es decir es necesario que la especie hombre superviva. Y por otra parte, estos objetivos son excelentes medios para intentar conseguir el objetivo básico. Con lo que, como no podía ser menos, con su asunción se produce un círculo virtuoso para procurar el fin básico y esos otros buenos fines posibles. Y serán malos los fines parciales que sean malos para el objetivo vital.

Últimamente hay quien piensa que el Hombre tiene la posibilidad o/y el mandato (interno o externo) de transformarse en otro tipo de hombres transhumanos: superhombres, ciborgs, mentes o consciencias en soportes diferentes, espíritus puros,…  También para cualquiera de estas opciones sería necesaria, al menos de momento,  la supervivencia del Hombre como tal. Y el imperativo vital, hasta tanto, seguiría vigente.  Y parece que, en su caso, también seguiría, después, para los posibles transhumanos.

El imperativo vital de intentar la supervivencia: es el deber prioritario implícito en la base  de la programación genética de todos los seres vivos. Esta intención vital es la que se aprecia en las pautas de comportamiento comunes a los organismos de cada especie.

Justificación. La demostración de la hipótesis básica puede abordarse de varias maneras:

a).- La especie como sujeto: La justificación se obtiene observando el comportamiento común de las especies conocidas: todas intentan prioritariamente supervivir mediante la reproducción iterativa de sus organismos o individuos. Con distintas estrategias según sus características y las de sus entornos.

Esta hipótesis se ve reforzada por los biólogos representantes de las más recientes teorías sobre la evolución. (Ampliar en el Contexto)

Dice Ernst Mayr: “Los biólogos evolutivos saben ahora que la especie es la entidad fundamental de la evolución…” y “Una especie, a pesar de los individuos que la componen, interactúa como una unidad frente a otras especies con las que comparte medio ambiente…”

Theodosius Dobzhansky: “Una especie con reproducción sexual constituye una comunidad reproductora… y una población mendeliana…” “Una población mendeliana constituye un sistema evolutivo supraindividual.”

Y más recientemente Stephen J. Gould: “…muchos de los problemas clásicos que incumben a las especies quedarían resueltos de golpe si renunciáramos a nuestra definición acostumbrada de las especies como clases (o categorías universales que pueden albergar objetos) y las reconceptualizáramos como individuos. Cada especie se convierte así en un elemento singular, una entidad evolutiva definida por una génesis histórica única y una cohesión particular en el momento presente.”

Además de estos juicios, principalmente biológicos, las especies, sobre todo las animales,  tienen comportamientos culturales comunes y específicos de cada una de ellas como estrategias de supervivencia. Según sus características y las de su entorno y con las naturales variantes poblacionales. Como avanzaron estos mismos biólogos y confirman los numerosos y excelentes trabajos de los etólogos. 

b).- Los seres vivos como sujetos: Esta demostración parte de la certeza de que todos los seres vivos conocidos viven y se reproducen iterativamente. A través de métodos y estrategias diversas. Con excepciones fácilmente justificables.

También parece claro que el objetivo de este comportamiento común es la conservación de la vida. Y que, como medio para ello, algunos seres vivos “construyeron” las especies biológicas. Con los distintos métodos de especiación ya muy estudiados.

Creo que esta idea se entiende mejor si consideramos que cada individuo y cada grupo de individuos de las especies “son” esa especie o la representan. Como sujetos activos cuando hacen u omiten algo que afecta a la especie y como beneficiarios mientras superviven.

Esta idea se puede ilustrar comparando a las especies con otros conjuntos. Por ejemplo: cuando un jugador de futbol mete un gol es el equipo quien mete el gol. Y cuando el equipo gana el partido son también los jugadores, cada uno de ellos, los que han ganado el partido. Y el objetivo del equipo y los de los jugadores, como tales, es el mismo: ganar el partido. Con independencia de que cada uno de los jugadores tenga otros objetivos individuales específicos. Otros muchos ejemplos: policía, ejército, empresas… los “constructos” de Harari teniendo en cuenta que las especies naturales son constructos no construidos por los hombres.

c).- La información genética, los genes, como sujetos beneficiarios. Esta forma es una variante de la idea del gen egoísta.  Puede enunciarse diciendo:

“Todos los seres vivos tienen el objetivo y el imperativo vital de que superviva su información genética”.

La hipótesis de Dawkins tiene aciertos. Sobre todo después de las aclaraciones hechas a la edición de 1976 de El gen egoísta. Pero para ser compatible con este enunciado de la idea básica necesitaría modificaciones. Las diferencias se aprecian leyendo el siguiente párrafo: (ver en Contexto: Dawkins)

“…la unidad básica de la selección natural no es la especie, ni la población, ni siquiera el individuo, sino las pequeñas unidades de material genético que convenimos en llamar genes”.

En las versiones antes citadas del imperativo vital, el objetivo es la supervivencia de la especie, representada por los individuos que la constituyan en cada momento. Y esa supervivencia de los individuos, “máquinas portadoras de genes”, supone la de su información genética como especie, común para todos sus individuos.

Se puede decir por tanto, con Dawkins, que la información genética, los genes, son las unidades o sujetos, beneficiarios egoístas, que sobreviven mediante la supervivencia de  los organismos individuales que los transportan. Y también es la información genética quien tiene las instrucciones para hacerlo. Información que incluye en su base el imperativo vital primigenio.

Pero los sujetos activos, las unidades biológicas básicas actuantes de la selección natural, son también las especies. Especies compuestas de individuos y poblaciones según las tesis de Dobzhasky, Mayr y Gould  basadas en la genética. Y según la idea básica fundamentada en el comportamiento común y universal de todas ellas.

Y en nuestra hipótesis todos los seres vivos, al menos los sociales, se comportan altruistamente. No sólo con los más cercanos, según la idea de Dawkins,  sino con todos con quienes les parece conveniente hacerlo: de su especie y de otras. Se amplia luego.

En resumen, la teoría de Dawkins sería válida considerando, acertadamente, a su unidad básica- genes simples o información genética-, como beneficiarios egoístas. Pero dejando la tarea de supervivir y evolucionar a las especies; quienes, al menos las sociales, tienen genes egoístas listos. Es decir altruistas por conveniencia, como todos.

d).-  Otras versiones, menos científicas, que aclaran o refuerzan la idea.

Una primera intuitiva, a partir de la experiencia de nuestro propio vivir y de lo que vemos a nuestro alrededor.

Con excepciones perfectamente explicables, los hombres y mujeres de todas las razas y grupos, vivimos, tenemos hijos y los cuidamos para que, a su vez, vivan y tengan hijos. Y cuidamos su entorno actual y nos preocupa la vida y la pervivencia futura de nuestros hijos y de sus descendientes. Y de nuestros prójimos.

Parece claro que este comportamiento común obedece a un mandato interior implícito en todas las personas, aunque no tengamos conciencia explicita de él. Y este imperativo vital, obedecido por nuestros predecesores dentro de su capacidad y de su gran libertad individual y grupal, ha hecho que vivamos hoy los más de 7.500 millones de seres vivos- hombres, que constituimos la especie biológica Homo sapiens. Y sin caer en la falacia naturalista: lo que hacemos individualmente es vivir y reproducirnos iterativamente; el objetivo o finalidad, aunque no lo sepamos, es la supervivencia de la vida mediante nuestra especie.

Como explicaba un sargento a sus reclutas: ”las cosas se caen al suelo por la ley de la gravedad del señor Newton. Y si el señor Newton no hubiera descubierto la ley de la gravedad las cosas se caerían por su propio peso”. Así las especies hasta ahora: intentando supervivir sin una ley de supervivencia, humana y explícita, que se lo ordene.

Para las religiones del Libro, el imperativo vital está también en la Biblia: En Génesis 1. 22 (a los animales) y 28 (al Hombre): “Creced y multiplicaos y llenad la tierra”. Y en Gen, 8.16 y 9.1 a los animales del arca y a Noé y familia.

Y para la Iglesia Católica, el mandato lo ha enunciado recientemente la Comisión Teológica Internacional, quién en el parágrafo 48 de su documento de 2008 sobre la ley natural, dice:” La segunda inclinación (de la persona humana), que es común a todos los seres vivos, se refiere a la supervivencia de la especie.” Y añade luego, “ … si la perpetuidad de la existencia biológica es imposible para el individuo, es posible para la especie…”. ( ver ampliado en Contexto)

2.- El altruismo amplio

El altruismo amplio es el elemento o modo más eficiente y eficaz utilizado por las especies sociales para intentar la supervivencia individual y grupal. Y es complementario con la idea del imperativo vital. Los dos conceptos solamente tienen sentido y se entienden, si operan y se ven a la vez. Este aspecto es muy importante. 

De altruismo se ha hablado mucho y se habla y escribe cada vez más. Pero tratan de altruismos parciales: instintivos, recíprocos, gratuitos, onerosos,… Todos ellos forman parte del altruismo grupal amplio. Y  es claro que, en las especies sociales, alguna forma de altruismo es imprescindible para supervivir. Y también está claro que los grupos y especies más altruistas superviven mejor: hormigas, hombres,..  

En este concepto amplio, es altruista cualquier acción u omisión que beneficie a otro u otros. Que además suele favorecer al grupo y a la convivencia grupal. En esta idea, el altruismo no se limita por sus sujetos, ni por sus motivaciones, ni por sus resultados.  

En el Hombre, el altruismo comprende el instintivo de algunos himenópteros, el recíproco de muchas especies sociales, y el muy especial altruismo/amor de nuestra especie/humanidad (no confundir este amor con el sexuado, también parcial).  Este altruismo humano incluye todo lo que beneficia a otro u otros y a la convivencia: el trabajo productivo, el comercio, pensar, enseñar, colaborar, cooperar, cuidarse y mejorar uno mismo, …

Y el altruismo humano es siempre retribuido, de una u otra forma o de varias: materialmente, en forma de aprecio social, y mediante la autosatisfacción de procurar el bien ajeno.  Y para los creyentes, los actos de altruismo/amor cuentan para ser recompensados. Todo esto lo saben bien los sabios y santos, creyentes y no creyentes, que son los altruistas más interesados, ya que reciben siempre su gran recompensa: ser felices en esta vida. Y en la otra si existe.

Hay quien piensa que el altruismo es operativo desde las primeras formas de vida: desde las primitivas células que se dividen para dar vida a otras. (Ver a John Hands)

Del altruismo y sus distintas formas se ha escrito mucho. El propio Darwin tuvo que salir al paso de algunos de sus seguidores y doce años después de “El origen de las especies” publicó “El origen del hombre”, en el que resalta la importancia de la “simpatía” y el bienestar para la felicidad y la supervivencia humanas. Y entre otras cosas dice: “el hombre debe su inmensa superioridad… a sus hábitos sociales, que le llevan a ayudar y a defender a sus semejantes”.

Antes y después de él, muchos otros han visto la importancia de distintas formas de altruismo. Por citar a algunos de diferentes saberes y creencias: El propio Dobzhansky, Mayr, Koprotkin, E.O.Wilson, Robert Trivers, Gerald Hütner, Edgar Morin, Michael Ruse, Antonio Damasio… Y los más recientes: Adam Grant, Stefan Klein, Donald W. Pfaff y otros neuroéticos. Y las religiones, sabidurías y  “filosofías perennes”.

Resumiendo: Las dos ideas han estado y están operando implícitas en toda nuestra historia. Y, al menos para nuestras hipótesis, deben verse y aplicarse juntas.

3.- Un principio ético universal

De estas dos ideas puede deducirse un principio ético universal que diga:

Es bueno/ mejor lo que, hecho altruistamente, sea bueno/mejor para la supervivencia de nuestra especie/humanidad.”

Lo de “hecho altruistamente” podría suprimirse del enunciado ya que, según lo dicho en el apartado anterior, está implícito en el resto de la frase.

Este principio integra y da sentido a las éticas parciales propuestas en la historia por los filósofos y pensadores. Y resuelve sus insuficiencias y discrepancias. Se resumen las doctrinas y los problemas de las tres escuelas éticas más significativas:

Éticas aristotélicas o de las virtudes.

Platón casi acierta al pensar en un ente grupal, el Estado, como sujeto; y en una virtud unificadora, la justicia, como medio. Pero esa idea “ideal” no le gusta a Aristóteles que iguala a la ciudad con el individuo (1). Y por otra parte, aunque se da cuenta de que: “el bien de la ciudad es mucho más grande y más perfecto”(2), iguala el concepto de Bien individual con el de Bien de la ciudad. Y además busca un objetivo que sea diferencialmente humano: no el simple vivir, que es común con las plantas; ni el sentir, que sería común con los animales. Y concluye que: “el bien del hombre es una  actividad del alma de acuerdo con la virtud y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera”(3)

Estas ideas filosóficas, que son acertadas referidas a las personas individualmente, han subsistido hasta hoy. Y han focalizado la atención en los individuos. Y han impedido ver la idea básica, haciendo predominar el yo sobre el nosotros. Lo que ha podido ser bueno para progresar pero menos bueno para convivir. Demos gracias a que el imperativo vital ha estado y sigue estando, implícito y operativo, en la base de nuestra conciencia moral.

(1)Ética a Nicómaco 1096b,1-3 //  (2) 1094b,7-8 //  (3) 1098a, 16-18

Éticas kantianas, o del deber y de principios.

Kant  y los Ilustrados, Brentano incluido, no aceptan que nadie  externo les diga lo que es bueno o malo ni lo que tienen que hacer. Creen que el Hombre, con su sola razón, es capaz de descubrir una moral universal y sus fundamentos. Lo cual es cierto pero es distinto descubrir que establecer que es el sentido kantiano de la autonomía moral.

Kant admite que la Naturaleza tiene un propósito material, aunque acepta que él no es  capaz de hallarlo. Pero ni se le ocurre que la Naturaleza, algo material, pueda llenar su imperativo categórico. Y lo deja vacío para que cada uno lo llene subjetivamente. Y su ética, que es acertada pero indefinida, queda en su buena voluntad para intentar cumplir lo que el deber ordene. Sin decir cuál sea ese deber. Que en cualquier caso, como para Aristóteles, se refiere al espíritu, no a la materia del hombre. Dice (en letra pequeña en una nota escondida de 1786) que: “… la Naturaleza ha colocado en nosotros dos fines diferentes, el de la humanidad como especie animal por un lado  y el de la misma como especie moral por otro” (3).  Y para él, aunque admite que somos una especie animal, solamente cuenta el progreso moral, el eudemonismo o quiliasmo (4)

Para Kant, como buen filósofo, la especie como tal (singulorum) no cuenta. Cuenta como “universorum”, como la totalidad de los hombres repartidos por pueblos (1). Y  no le preocupa la supervivencia ya que dice que los hombres son mortales pero que la especie es inmortal (2)

Aunque el imperativo categórico es discutido por su inoperancia, muchos de los reductores conceptos kantianos siguen en vigor, desde los ilustrados hasta hoy.

(1)Filosofía de la Historia, 95 // (2)  pág. 46 // (3) pág. 91 // (4) pág. 98  (y ver en Contexto)

Éticas utilitaristas, teleológicas o del bien.

Los utilitaristas, desde Hume a Bentham pasando por Stuart Mill, Adam Smith y otros muchos actuales, se acercan más. Y creen que el objetivo es conseguir el mayor bienestar para el mayor número. Y como las anteriores, esa teoría es una verdad. Está diciendo, sin saberla, la idea básica. Lo que no tienen claro es qué o cuál sea el mayor bienestar ni para qué. Ni cómo se reparte ni quiénes son “el mayor número” que entran en el reparto, actuales o futuros. Y eso supone enormes dificultades de aplicación. Que son el mayor problema de nuestro mundo globalizado: pobreza, desigualdad, insalubridad, mala convivencia, inseguridad, desilusión, crisis de valores, problemas ecológicos, riesgo de autodestrucción lenta o rápida…  

Corolario: Todas estas éticas son buenas y bien intencionadas. Y surgieron cuando no existía el riesgo de auto-extinción del Hombre. Y tal vez por ello les faltó ver el bien u objetivo vital. Objetivo que es previo y necesario para el bienestar de los utilitaristas, la eudemonía de los kantianos y para ejercer las virtudes humanas de los aristotélicos. Sabiendo que para intentar conseguir ese objetivo vital, es imprescindible la virtud-marco del altruismo amplio.

Añadido: Nuestras hipótesis también enmarcan y dan sentido a los recientes trabajos sobre neuroética de los neurocientíficos y filósofos que buscan en el cerebro las bases y fundamentos de una ética universal.

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