-Tareas-

Aplicaciones

Para que se aprecie con más claridad el posible alcance de la idea básica voy a tratar de usar el principio ético universal  como base de algunos casos de ética aplicada. Pero antes creo que debo hacer alguna advertencia a los lectores.

Las pocas veces en que he hablado de estas ideas, mis interlocutores han derivado a alguna de las cuestiones “éticas” concretas de actualidad. Y  cada uno ha intentado utilizar mi “nueva ética” según sus propias creencias previas. Divididos normalmente entre creyentes y ateos. No es fácil encontrar agnósticos practicantes.

 Escolio: Según el cardenal Ratzinger: “Aún en el caso de que yo esté de acuerdo, teóricamente, con el agnosticismo, en la práctica me veré obligado a escoger entre la alternativa de vivir como si Dios no existiera o vivir como si Dios existiera…”. “El cristiano en la crisis de Europa”. Joseph Ratzinger. Ediciones Cristiandad 2005, pág. 81. Fin del escolio

Por ello rogaría a mis lectores que, al llegar aquí y para opinar sobre lo que sigue en este apartado, intenten prescindir de la parte de sus creencias que se refieran a la existencia o no de un Dios creador y mantenedor. Los creyentes pueden seguir creyendo que Dios existe, que dictó la ley natural, que la deja actuar bajo su control y que sólo interviene cuando se la quiere “saltar” mediante los milagros. Y los evolucionistas ateos pueden seguir con sus teorías científicamente demostradas,  pero deben dejar fuera las ideas que no estén suficientemente probadas y verificadas. Especialmente las que se refieren a la “no existencia” de unas fuerzas externas de naturaleza desconocida. Y sobre todo deben dejar aparte, quienes la tengan, la animadversión hacia las religiones.

Apoyándome otra vez en los excelentes textos citados del cardenal Ratzinger voy a intentar, como los pensadores de la Ilustración (pág. 47), entender y aplicar las normas morales “… etsi Deus non daretur”. Y que sean válidas a la vez”…veluti si Deus Daretur”. Creo que los ilustrados y la Iglesia no han tenido éxito en hallar una ética universal común por querer hacer una ética a partir de la naturaleza de los individuos. No de la especie. Y  pensando, además, en unos individuos de diferentes “naturalezas” según cada una de esas tendencias.

Para los ilustrados y  los científicos actuales no creyentes, los hombres somos otros seres vivos más, animales elegantes que diría Ortega. Y no admiten que podamos “ser”, o tener, algo  “sobrenatural”. Y hacen de esta cuestión, que no es científica, su caballo de batalla. Es decir, en lugar de intentar ponerse de acuerdo sobre el “qué hacer”, partiendo de lo que empírica y científicamente se sabe, discuten sobre el “qué y cómo es” quien debe hacerlo, intentando llegar a este “qué hacer” a partir de la “naturaleza” del sujeto. Naturaleza que no se conoce aún científicamente con certeza. De ahí su error. Agravado porque, en este caso,  el sujeto no es el individuo sino la especie.

Y  la Iglesia, por el contrario, eleva de nivel a los individuos y los dota de un alma inmortal. Y  además parece que, de acuerdo con los criterios clásicos,  considera a las personas individuales como los sujetos únicos de una posible ética universal. En cualquier caso, creo que la Iglesia  actual no tendrá reparos en admitir el imperativo vital prioritario en el nivel del Homo sapiens como ser vivo. Y también admitirá a la especie humana como sujeto de la ley natural. Y seguirá diciendo que es bueno que los hombres crean, no obligatoriamente, en un Dios creador y mantenedor.

En cualquier caso, para aceptar mi idea no hace falta recurrir a Dios. Ni rechazarlo. Es decir que para juzgar con la “nueva” ética los distintos casos, intentaré aplicar lo que he llamado el principio ético universal,  “natural”. Y pido que el lector o lectores intenten seguir esos mismos principios. Tratando de prescindir de sus prejuicios y creencias previas en lo que dificulten o sesguen este criterio. Puede ser muy conveniente que vean después si el dictamen resultante, aplicando la “nueva” ética, coincide o no con el resultado de aplicar su ética previa propia. 

Insisto en mi incapacidad, y prevengo al lector de la posible suya, para juzgar los casos que voy a plantear. Los pongo como ejemplo de lo que puede significar la asunción de esta “ética”. Una de las primeras acciones a realizar, si se adoptaran estas ideas, sería “nombrar” a quien las pueda desarrollar y aplicar. En general y para casos concretos. Lo cual tendría también su dificultad. Pero esa es otra cuestión, antigua y actual, para “dictar” las éticas parciales.

Aviso también de que solamente voy a enunciar  y resumir cada caso, sin entrar en detalles. Todos ellos son muy complejos y han sido y son objeto de polémicas y discusiones. Ruego por tanto al lector que se quede en lo principal, sin entrar en aspectos parciales o facetas locales o marginales según el momento y el entorno. La aplicación detallada de  la “nueva” ética a casi todos estos casos daría para varios libros y películas. Realistas o de ciencia ficción. Brindo esta idea a posibles comunicadores.

Recuerdo que el objetivo básico es que la especie sobreviva. Y con el mayor bienestar de sus individuos al aplicar, por eficacia y eficiencia, el altruismo/amor como elemento principal de  todo lo que se haga para la consecución del objetivo básico.

Las aplicaciones e ideas que voy a enunciar, y muchas otras, están ya operando actualmente. De forma local o grupal e incluso global. Y casi todas ellas desde hace tiempo. Y de una u otra forma seguirán operando mientras exista nuestra especie. Por ello la aplicación de la “nueva” ética explícita, se puede realizar de dos formas: Reactiva, es decir contestando a las dudas parciales que puedan existir sobre lo que ya se está haciendo. Y de forma activa, planteando acciones globales o parciales “nuevas”, o potenciando las  “buenas” actuales. Todo ello, como ya se ha dicho repetidamente, encaminado a conseguir el objetivo básico de supervivencia de la especie con el mayor bienestar posible.

Sobre la adaptabilidad

El objetivo parcial más claro a intentar conseguir como  medio para el objetivo básico, es la adaptabilidad. Es decir la capacidad de que la especie sobreviva ante cambios del entorno. Es lo que todas las especies intentan permanentemente.

Escolio.-Lo que estoy haciendo es una actividad adaptativa de la especie, realizada por uno de sus miembros. La acción de escribir y difundir estas ideas busca mejorar la adaptabilidad de mi especie. Para intentar que los lectores hagan algo positivo al respecto. O dejen de hacer algo negativo. Fin del escolio

Volviendo al asunto, parece que alguien debe hacer, o seguir haciendo, una lista de los riesgos  que corre la especie. Es decir una lista de los fenómenos “naturales “y “humanos” negativos que puedan producir la extinción de muchos o de todos los hombres. Y por el contrario, otra lista de los factores positivos que mejoran la capacidad de supervivencia y el bienestar.

Parece que estas listas deben tenerse en cuenta y servir como orientación al aplicar la nueva ética a las actividades actuales y a las políticas activas a desarrollar. Solamente como ejemplo,  expongo cuatro listas de algunos posibles “fenómenos”, negativos y positivos, a tener en cuenta en el proceso adaptativo de la especie:

. Negativos “naturales”: Grandes seísmos, meteoritos, glaciaciones, calentamientos, gases nocivos,… Se sabe ya bastante bien lo ocurrido hasta ahora y existen medios para hacer esta lista. Y supongo que alguien la tiene y está pensando, y deberá seguir pensando, en lo que sea mejor para que, en caso de que ocurra alguna de estas catástrofes, sobreviva el mayor número  de humanos posible.

.Negativos “humanos”: Las armas de destrucción masiva, la contaminación, el consumismo, la superpoblación… El egoísmo individual y grupal, la maldad, el odio, la guerra… y todos los “pecados” contra la humanidad y la naturaleza.

. Positivos “naturales”: La capacidad del Universo y de la Tierra de aguantar, y de la vida de mantenerse y desarrollarse. Más o menos predecible en el tiempo.

. Positivos humanos: Sus muchas capacidades vitales tanto materiales como espirituales, tanto individuales como colectivas, el altruismo/amor, todas las virtudes y todas las sabidurías bien ejercidas, el sentimiento creciente de humanidad y de fraternidad, la buena ecología, la diversidad de razas y de usos y costumbres, los distintos asentamientos geográficos, todas las ciencias y técnicas, las buenas religiones…

Como he dicho, estas listas pueden estar incompletas o mal hechas. Hacerlas bien y tenerlas actualizadas y operativas en cada momento, es una de las tareas de los hombres y de todas sus “autoridades”, laicas y religiosas. Y en función de ellas y de la situación y perspectivas de cada entorno, revisar y decidir las normas contingentes a aplicar en cada caso y situación parciales. Cuyo conjunto, forma la ética global aplicada. Teniendo como base la perenne y “nueva” ética universal, ahora explícita, y sus principios básicos vitales y prioritarios.

Estas son algunas de las ideas previas a tener en cuenta al abordar los casos que enumero a continuación.

1.- Revisar las normas explícitas parciales.

Recuerdo que si la idea básica es cierta, el principio ético universal  ha estado y está implícito en todos los hombres. Y las normas derivadas de él han regido permanentemente la conducta humana. Estas normas morales han sido y son, en cada momento, la ética implícita de la especie, de sus grupos y de sus individuos. Y estas éticas implícitas: universal, grupal e individual, pueden haber sido, y ser, acertadas o erróneas para la consecución del objetivo vital prioritario de supervivencia de la especie. Y utilizar o no el altruismo amplio como principal elemento.

Existe una vieja discusión sobre si, en cada momento, las normas morales, o éticas implícitas, son solamente producto de la evolución biológica, o de la cultural, o de ambas a la vez (Ayala: 2006, Wilson: 2012, Ruse: 2007). Pero la discusión está sesgada por las más viejas diferencias entre creyentes y no creyentes sobre si existe o no un Legislador externo. Y por otra disputa más moderna entre biólogos y filósofos (o materialistas y espiritualistas), sobre si el hombre es algo más que materia organizada. Y, adicionalmente, existe la controversia entre creyentes y ateos, sobre si en su naturaleza “fija”, tiene “algo” a imagen y semejanza de un Dios creador. 

Para mí, y creo que para la mayoría de los expertos no sesgados, las normas éticas implícitas  que rigen las conciencias de los individuos de nuestra especie, están formadas por la suma  e interacción de lo biológico con lo cultural.  Según los entornos y circunstancias en que vivieron los antepasados de cada uno (especie y grupos) y en los que ha vivido y vive cada individuo.  Y esta idea no está afectada por si el hombre es más o menos material o espiritual. Ni por cómo ni por quien está hecho. Estoy hablando de las normas éticas del hombre como ser vivo, como creatura. En lo que tiene en común con el resto de los seres vivos, sea todo o parte.

Éticas parciales explícitas. Desde el principio de la vida social  de la especie hombre, existen normas morales explícitas que han regido y que intentan regir la conducta de los individuos y grupos. El conjunto de todas ellas forma lo que se puede llamar “ética explícita global” o conjunto de normas morales expresas que rigen la conducta del género humano en cada momento.

 Y que, como he dicho ya, si están dictadas con inteligencia y buena voluntad, suelen ser buenas; tanto para las éticas parciales implícitas con que han sido dictadas, como a la luz del principio ético universal que las ha inspirado.

Escolio. Creo conveniente aclarar que mi idea de la ética explícita o externa puede no coincidir con algunos usos que se dan al de heteronomía moral. Las éticas explícitas, si son “buenas”, no deben ser impuestas, ni muy distintas de lo que dicte la autonomía moral del individuo. Por su parte, el concepto de ética implícita si puede ser semejante a lo que se suele llamar autonomía moral. En cualquier caso creo que los términos “implícitas” y “explícitas”  para designar las normas “internas” y las “externas” son suficientemente claros para el uso que les asignamos.

También puede haber dudas sobre si algunas normas externas son morales o de otro tipo: legales, empresariales, técnicas,… A nuestros efectos, la mayor parte de las  normas externas de cualquier tipo pueden incidir en el objetivo de supervivencia. Normalmente intentan regir actividades de los hombres que suelen tener incidencia en el objetivo vital y por tanto deben considerarse, en ese aspecto, como normas morales. Fin del escolio.

Como se intuye por el enunciado, la ética global explícita es amplísima. Comprende todos los usos y costumbres grupales, las leyes, reglamentos, políticas, etc. dictados o legislados. También todos los conceptos expresos de justicia, paz, dignidad… Todas las definiciones de los pecados y virtudes… Los mandamientos y preceptos de todas las religiones y credos… Todas las leyes, reglamentos y estatutos de todos los pueblos, naciones, clubs deportivos, asociaciones, comunidades de vecinos, ONGs, … Las normas y códigos de todas las profesiones…Los valores e imperativos morales propuestos por las escuelas filosóficas…Los programas de los partidos políticos y de los gobiernos…Los valores y principios éticos de las empresas, asociaciones,… Y  de los organismos que las regulan…Declaraciones de los líderes de opinión, políticos,…Normas y valores de medios de comunicación, educadores, actividades de ocio y “cultura”…

Todo lo anterior lleva a que, si se asume el principio ético universal como fundamento de una ética universal, habría que intentar aplicarlo a las éticas expresas parciales actuales y a las que se vayan estableciendo en cada momento. Lo que llevaría, además, a que con el tiempo y mediante los mecanismos de la evolución, fuesen cambiando las normas éticas bioculturales de los individuos  y con ello la ética global implícita de la especie. Y seguir así, como hasta ahora pero mejor, iterativa e interactivamente, hasta el fin de la especie. O de los tiempos.

Esta aplicación, racional y consciente, sería también “natural” por ser fruto de una estrategia de supervivencia humana, dentro del proceso evolutivo y de sus leyes o normas naturales. Aplicación que podría llevar a la regresión de algunos comportamientos. Que han resultado erróneos por excesos en el ejercicio de la capacidad técnica adquirida  junto con el alto grado de libertad. O que han podido estar descompensados en su ejercicio por la más lenta evolución de las normas morales respecto a las capacidades técnicas. Descompensación debida, a su vez, al predominio de lo individual y grupal sobre la propia especie.

2.- Potenciar la idea de Humanidad.

El hombre es un ser social que ha ido “conviviendo” en grupos cada vez más amplios: desde las familias y clanes primitivos hasta la aldea global.  En estos momentos existen, dentro de nuestra especie, todo tipo de grupos y colectivos, tanto en vertical: familias, clanes, tribus, naciones, estados, uniones… ,como en horizontal o transversal: razas, civilizaciones, religiones, ideologías, partidos políticos, asociaciones,… Y sobre todos ellos existe la especie, el grupo humano global, la humanidad. 

La idea de humanidad como unidad  de la especie es reciente. Se inicia con los últimos descubrimientos, se desarrolla con las teorías de la evolución y se tiene “conciencia” de ello muy recientemente, a mediados del siglo pasado con  el fin de la guerra mundial y el desarrollo de los medios de comunicación de masas: cine, TV, internet … El riesgo de otras guerras mundiales  y la idea de que existe una interrelación global ha propiciado la creación y desarrollo de organismos, movimientos ecologistas, partidos políticos, llamamientos  de políticos, religiosos, filósofos,…

La asunción y comunicación del principio ético universal pueden contribuir al desarrollo de la idea de hermandad, de humanidad fraterna, del género humano. Y de la “responsabilidad”  y necesidad de cuidarnos unos a otros y a nuestro entorno.

Creo que esta idea es fácil de transmitir y asumir porque está en la naturaleza de todos. De ahí el fácil eco de los movimientos verdes, ecologistas… Y  teniendo en cuenta, además el enorme potencial de altruismo/amor que existe en las “buenas” religiones, en los misioneros, en los movimientos cívicos, ONGs,. Y también en los políticos, buenos e inteligentes,  que vean que esta idea es vendible y rentable, además de ser buena.

La idea mejora los esfuerzos que ahora se realizan por algunos creyentes y no creyentes para intentar justificar y “vender” la responsabilidad  y el amor fraternos. A partir del imperativo vital y de la ética universal, quien nos dice que seamos buenos, responsables y altruistas no son las iglesias, o los poderes civiles, o los filósofos. Somos nosotros mismos. La orden es interna, permanente, que no teníamos expresa y clara, pero que existía y existe en nosotros desde antes de nacer. Y que si la seguimos seremos felices. Y que si no lo hacemos vamos contra nuestro propio yo, contra nuestra naturaleza humana. Y divina para los creyentes.

3.-  Una Autoridad Mundial

Esta es una idea vieja y bastante difundida. Ya está muy desarrollada en el libro de Sanz del Rio-Krause de 1860 (Krause- Sanz del Rio: 2002). La he visto también en escritos de los dos Papas actuales. Y parece que existen varios colectivos de distinto signo que también apoyan  esta idea.  Aunque también hay detractores que temen un excesivo dirigismo y abusos y errores, también “mundiales”.

Con todo, ¿es buena o mala una Autoridad Mundial a la luz de la  “nueva” ética?

En principio parece que debe ser buena. Y además es lo primero que se le ocurre a cualquiera: si la especie humana tiene el deber prioritario de intentar sobrevivir,  parece que en cuanto tenga conciencia “racional” de este imperativo, debe existir alguien que se ocupe, también racionalmente, de gestionarlo. Porque si no se gestiona de forma planetaria, se seguirá haciendo grupalmente por unos entes parciales (naciones, bloques, alianzas), cada vez más poderosos, que busquen sus propios objetivos. Que pueden no coincidir con el objetivo global. Y que, si estos entes o colectivos parciales, siguiendo las reglas de la selección natural grupal pelean entre ellos, pueden llegar a destruir a toda la especie. O por lo menos a hacer infelices a muchos individuos, tanto del bando ganador como del perdedor.

Y aunque no haya conflictos ni luchas “mundiales”, las hay parciales. Y eso no parece bueno desde el punto de vista de la supervivencia de la especie porque consume energías y recursos. En los viejos y no tan viejos tiempos, la guerra era un buen medio para el control de la población de un territorio y para la mejora de la especie mediante el progreso técnico y la selección natural. Pero parece que lo que estamos intentando, al menos yo, es sustituir algunas reglas “malas” de las leyes grupales, por normas  “buenas” para todos, basadas en considerar a la especie en su conjunto. Como actora y beneficiaria de su supervivencia. Con el menor costo y el mayor bienestar posible para los individuos actuales y futuros.

En cuanto a la estructura, funciones, atribuciones, etc. de esta posible Autoridad Mundial hay ya bastante escrito y puede ser una tarea muy interesante pensar en todo ello a la luz de la nueva ética. Queda ahí el trabajo pendiente. Una idea “fácil” sería reconvertir la ONU.

En cualquier caso, creo que la dificultad primera consiste en que, quienes puedan hacerlo, lo planteen y empiecen a hablar de ello. En mi opinión esto llegará por las buenas cuando la idea básica se asuma. Y se avance en el desarrollo del concepto de Humanidad  fraterna, de cuidar  unos de otros y del entorno.  Y en general de todo aquello que favorezca la supervivencia de la especie por unos u otros motivos. Aunque la idea básica no llegue a explicitarse y se actúe por el sentido de responsabilidad predicado por Hans Jonas y asumido ya por muchas personas y colectivos.  Y por la fraternidad y el amor predicados por las “buenas” religiones y grupos. Y en cualquier caso cuando políticamente sea rentable para quienes lo planteen.

Y llegará por las malas si se produce una catástrofe “natural”: gran ruptura de la corteza terrestre, meteorito grande, cambios de clima, inundaciones, deshielos, diluvios, hidratos de metano… O catástrofes provocadas por el hombre por malos usos de los medios a su alcance.

En resumen, parece que una “buena” Autoridad Mundial puede ser buena para el objetivo vital prioritario. Y que la asunción de éste puede ayudar  a  crearla o reconvertirla.

4.- El modelo de sociedad mundial

Otra de las grandes cuestiones éticas a resolver es el tipo de sociedad mundial a intentar crear y mantener. Que sea posible, eficaz y eficiente. Y sostenible en el tiempo, para la consecución  del doble objetivo de supervivencia de la especie y el mayor bienestar individual y global.

También en torno a esta idea hay mucho escrito. Pero tampoco he visto que se plantee con este doble objetivo. De lo que he leído, tal vez lo que más se le acerca sea el modelo de “El mundo feliz “, de A. Huxley,  que casi se ve ya técnicamente posible pero que no parece deseable, al menos visto desde hoy.  Porque “La isla “, del mismo autor, o la “Utopía” de Tomás Moro, aunque parecen mejores, se plantean para sociedades más pequeñas. Y el modelo de “Señor del mundo” de Robert Hugh Benson tampoco parece el mejor.

Creo que el párrafo anterior sirve para dar idea de la cuestión a tratar. El asunto es enorme puesto que trata de todas las actividades de todos. Voy a intentar resumirlo.

. Nuestra especie vive hoy según un modelo que se ha ido estableciendo a través de acciones y éticas grupales. No lo describo porque es conocido. Habría que ver si este modelo es el mejor posible para los objetivos básicos. Y en cualquier caso hacia donde debería tender, tanto en el nivel mundial,  como en las actuaciones de todos los colectivos, grupos e individuos. Casi todo lo que hacemos y dejamos de hacer influye en el modelo de sociedad en la que estamos y en su futuro. Sobre todo lo que hacen las grandes naciones, tendencias políticas, religiones, multinacionales, grupos de opinión… Y lo que hace y no hace cada individuo.

. Los modelos a aplicar son muchos. Pero quiero recordar que el actual está hecho buscando prioritariamente los objetivos parciales de los grupos y el bienestar de sus líderes, ciudadanos y afines. Con nuestras ideas básicas, los objetivos son globales, y pueden coincidir o no con los grupales.  Se trata de juzgar, a la luz de la nueva ética, el modelo actual. E intentar llevarlo hacia el mejor posible en cada momento.

. Esta tarea de juzgar y aconsejar éticamente en estas cuestiones es difícil. Le correspondería a uno de los organismos de la Autoridad Mundial. Para las grandes cuestiones y posiblemente para los asuntos más pequeños comunes. En cualquier caso, creo que con lo dicho se “ve”, o por lo menos se intuye, la importancia de la nueva ética en el modelo de sociedad global a ir desarrollando. De manera expresa, consciente, y con visión universal, o como hasta ahora.

. A título de ejemplo, expongo un posible modelo “fácil”,  casi como el actual: descentralizado, dividido en grupos o “naciones” afines, adaptables y del tamaño óptimo gestionable por sus autoridades grupales con las tecnologías existentes en cada momento. Pero con un solo nivel intermedio entre estas “naciones”  y la Autoridad Mundial. Estas  “naciones” tendrían la mayor autonomía posible dentro de las reglas de una nueva “Constitución Humana”. Se mantendría por tanto la diversidad de usos y costumbres, de religión, de cultura, etc.  Pero con una bandera mundial, un idioma común además del propio de cada cultura, un solo “ejército”  mundial desplegado con criterios de eficacia y eficiencia,… El nivel intermedio  regionalizado. Muy ligero de estructura. Con un nombre geográfico o técnico.  

Lo importante es que la Constitución Humana se ajuste a la nueva ética universal y que la Autoridad Mundial sea también “buena”, eficaz, y eficiente, para desarrollarla y mantenerla.

5.- La población. Número y calidad de vida.

Recuerdo que el objetivo básico de la especie, de la humanidad, es el de sobrevivir durante el mayor tiempo posible. Tratando de que este objetivo se trate de obtener, por eficiencia y eficacia, con el menor sufrimiento y el mayor bienestar de las personas existentes en cada momento y futuras.

En el nivel de conocimientos que ahora tenemos, parece que nuestra tierra tiene capacidad para alimentar a más habitantes de los que se preveía en tiempos de Malthus. Sin embargo parece claro que muchas personas hoy viven muy mal. Y existe un problema ecológico que, si no se hace algo más y mejor, se seguirá agravando: por el crecimiento de la población y por el incremento en la demanda de “calidad de vida”. Demanda justificada en muchos casos y menos en otros. Pero demanda total alta y creciente.

Parece claro que en este momento, y a medio plazo, los recursos y sistemas existentes no dan para satisfacer, ecológicamente, la demanda total de bienes y servicios. Por ello, además de actuar sobre los recursos, con más ciencia y tecnología en la producción y con mejoras de todo tipo en la distribución, parece claro que habría que tratar de reducir o reorientar la demanda.

La demanda se puede reducir de dos formas básicas: que los demandantes pidan menos y que haya menos demandantes. De los demandantes actuales hay muchos que podrían pedir menos pero es difícil que lo hagan “motu propio”. Y hay otros muchos que no pueden pedir menos, antes bien “necesitan” más para subsistir dignamente. Y hay otros que pudiendo subsistir con lo que tienen, piden y pedirán más mientras haya otros que tengan más. 

El  reparto de los bienes existentes es un problema viejo que, visto con la nueva ética, tiene soluciones distintas según se trate de conseguir el primer objetivo de forma muy prioritaria, o se quiera hacer contando más con el factor del altruismo/amor. Creo que queda clara la dificultad, y la importancia de la “nueva ética“,  a la hora de establecer los criterios para la distribución a los individuos y grupos existentes en cada momento. Una vez  establecidos, si  hay voluntad y autoridad políticas,  no parece que sea difícil la aplicación con los medios técnicos y de ingeniería social actuales.

La otra cuestión es abordar el problema desde el lado del número de participantes en la demanda global. La solución, como en las empresas, también parece muy clara. Se trata de “reducir la plantilla” con los menores traumas para el personal actual y para la propia empresa. Incluso, si se hace bien, con beneficios para ambos. Si se hace mal es más fácil pero menos eficiente y más traumático. Es lo que en el mundo ha pasado hasta ahora con guerras, epidemias, hambres, catástrofes naturales “reducibles”… El problema es que, al considerarse natural y bueno, las técnicas y las políticas grupales se han dedicado más a incrementar la población y la demanda. Y menos a prever y evitar sus malas consecuencias globales.

Creo que planteando el problema con los “nuevos” objetivos, y aplicando la “nueva” ética, se  puede llegar, en las pocas generaciones de un siglo, a buenas soluciones. P. e. siguiendo el criterio de la paternidad responsable familiar y grupal, ordenando las migraciones…  Antes de que sea el proceso evolutivo el que imponga su dura ley cuando el problema se haga mayor. Con los medios de comunicación y técnicos actuales creo que es fácil gestionar sin traumas esta cuestión. Adaptándose en lo posible a las creencias y culturas de cada colectivo.

En sentido opuesto y mirando prioritariamente a la supervivencia, se puede pensar que en caso de catástrofes naturales o provocadas, cuanta más población haya y esté más dispersa en hábitats diferentes y difíciles, puede ser más probable que alguien sobreviva. Es otro punto de vista a evaluar, pero parece que esta opción supondría más carencias y confrontaciones. Y en general mayores sufrimientos para las poblaciones pobres y marginales, que serían muchas.

6.- La sexualidad, la familia, la procreación.

No es mi intención intentar establecer aquí  los criterios a aplicar a cada una de estas complejísimas cuestiones, sino resaltar la importancia que puede tener la nueva ética a la hora de opinar y actuar sobre ellas.

Conocemos los tipos de familia en las especies sociales. Desde las más simples de  dos individuos a las numerosas de los himenópteros. Y desde las sencillas y breves  relaciones de algunos ovíparos a las largas y complejas de los homínidos y en especial del hombre. Parece que en muchos casos, la familia ha supuesto una estrategia de éxito para la procreación y para la supervivencia grupal y de la especie.

En el caso del hombre la monogamia ha sido y es un modelo eficaz para la procreación. Y parece el más eficiente para el bienestar individual de la pareja y de los hijos. Por ello sería conveniente  pensarlo muy bien antes de intentar cambiar este modelo.

El modelo familiar monógamo y permanente tiene muchas virtudes, entre ellas dar cauce ordenado al instinto sexual. Y la fidelidad crea y da cohesión a un grupo familiar más amplio y permanente lo que facilita el apoyo mutuo y el cuidado y  educación de los hijos. Estas familias cohesionadas y  permanentes han sido y son mejores para la formación de los grupos más complejos: clanes, tribus, naciones…. La libertad sexual fuera y dentro de las relaciones estables de pareja produce grandes distorsiones en el modelo, por lo que también es conveniente replantearse esta cuestión.

Un factor importante a tener en cuenta es la menor mortalidad infantil y el aumento de la esperanza de vida. Que unido a lo tratado en el punto anterior parece aconsejar una menor fertilidad.  Y éste puede ser un argumento, tácito o expreso, de quienes abogan por favorecer la separación entre sexualidad y familia, el aborto, etc.

Sin embargo existe un riesgo grave al cambiar sistemas que funcionan por otros que   ni siquiera se han pensado. O se han “malpensado”. Y existe también el otro grave riesgo de que el hedonismo individual y de grupo haga irreversibles unas costumbres que se conviertan en “malos” e insolidarios objetivos permanentes.

Existen grandes diferencias sobre estas cuestiones en culturas  con distintas tasas de riqueza, tendencias de fertilidad, culturas, religiones, etc. Los desequilibrios crecientes producirán crecientes problemas si no se actúa con visión global y común. Aunque parece conveniente que grupos distintos tengan éticas y métodos distintos.

Por todo ello y sin entrar a fondo en estas cuestiones, creo que la nueva ética y  sus principios de supervivencia y de altruismo “naturales”, pueden ayudar a repensarlas. Y a intentar llegar a un buen acuerdo entre los científicos y políticos no creyentes y las buenas religiones.

7.- Ecología humana.

Al ir a escribir este punto me he acordado de mis años mozos y tengo delante mi viejo ejemplar de la “Ecología Humana” de Hawley que, hacia 1963, me sirvió de libro de texto en Sociología de 1º. Entonces era algo nuevo. El prólogo de F. Murillo empezaba: ” La palabra ecología posiblemente les dirá muy poco a los universitarios de letras. Es hasta probable que tengan que recurrir a un diccionario”. (Hawley:1962)

Digo lo anterior para entender mejor las causas de que todavía haya mucho por descubrir, y asumir, sobre el comportamiento grupal del hombre como parte de la biosfera. Y como especie global que es lo que nos ocupa.

Por lo que he leído últimamente, creo que todavía hay una cierta confusión. Como en otros muchos casos parece un problema de tener claro el objetivo. Puede haber varios. Se me ocurren al menos tres objetivos “ecológicos”:

1.- La conservación de “la naturaleza”: La tierra, los campos, los bosques, el agua, los animales. Toda la fauna y la flora. Y la atmósfera. Y los minerales. Etc. Y eso por zonas de la Tierra. O por colectivos de usuarios. O incluso por toda la especie y toda la Tierra.

2.- Los hombres como usuarios y como beneficiarios de la naturaleza. Para que  puedan alimentarse, vestirse, vivir lo más confortablemente posible.

  1. La supervivencia de la especie hombre. Nuestro objetivo. Con nuestra ética del altruismo/ amor hacia los hombres y hacia su circunstancia.

Este tercer objetivo incluye a los otros dos. Pero indudablemente, añade algunos matices que se aprecian en cuanto se piensa un poco. Como resaltan los últimos Papas (Francisco: 2015) y predican los ecologistas “verdaderos”,  el cuidado de la naturaleza pasa por el “cuidado” de los hombres para que sean a la vez sujetos beneficiarios y sujetos responsables activos. Pero con el objetivo básico, añado yo.

Para ello parece necesario establecer un criterio universal de prioridades, basado en la supervivencia de la especie, que lleve a implantar unas normas “ecológicas”  humanas. Que por serlo serán naturales, conservacionistas y globales. Y obligatorias. No como ahora  que son “a poco más o menos”. Y desiguales según los grados de desarrollo  de los pueblos  y el poder político de los estados y colectivos.

8.- Las ingenierías: genéticas y ambientales.

Parece que todas las especies al vivir influyen en su entorno y lo modifican. Y algunas han desarrollado complejas “ingenierías” para utilizar en su beneficio  a otras especies vegetales y animales. Un ejemplo muy conocido es el de las hormigas granjeras.

Nuestra especie, agrícola y ganadera “familiar” durante muchos siglos, es ahora capaz de modificar organismos vivos hasta extremos inimaginables hace unos pocos años. Y cada día se descubren nuevas técnicas con mayores posibilidades. Y es también capaz de actuar sobre la propia especie.

Estas capacidades crean, como es sabido, problemas éticos en múltiples aspectos de sus posibles aplicaciones. Tanto en algunas de las “ingenierías defensivas” para prevención y cura de males, como en los fines de las proactivas. Y en algunos de los  métodos de investigación y aplicación de todas ellas.

Las posibilidades de estas técnicas para influir y modificar al resto de los seres vivos y a nuestra propia especie, hace que sea urgente establecer unas normas éticas comunes y universales. Que parece deben tener también como base el objetivo prioritario de la supervivencia de la especie. Y el secundario de su bienestar. Y la adaptabilidad.

Creo que en este campo de las ingenierías genéticas y ambientales es donde más clara se ve la necesidad y la urgencia de aplicar los principios básicos. Tanto para responder a las  cuestiones planteadas como a las que cada día surgirán a medida que  estas ciencias y técnicas avancen.

Y por otra parte  estas ingenierías pueden ser unas de las principales  herramientas para intentar conseguir, proactivamente, los objetivos básicos. De hecho ya lo están siendo en la medida que se usen en la “buena” dirección.  Parece que habría que evaluar, a la luz de estos objetivos, las distintas aplicaciones y proyectos en marcha. 

En este sentido hay científicos que dicen que nunca se podrán “fabricar” hombres en el laboratorio. Pero parece que se puede pensar en otras muchas posibilidades para adaptar a algunos grupos humanos a posibles cambios del entorno.  O para habitar en otros planetas o estaciones espaciales.

Existe ya mucho escrito sobre algunas de estas estas posibilidades. Parece conveniente verlas  como medios para los objetivos prioritarios de supervivencia con bienestar. Y si es posible sin dejar de ser hombres. (RAE. Hombre: “Ser animado racional”).

9.- La ingeniería social

Parece que últimamente se utiliza esta expresión para referirse a malas prácticas en el uso de los medios cibernéticos, consiguiendo información  para tratar de inducir a los usuarios a realizar compras, o actos indeseables beneficiosos para los “ingenieros”.

Como es lógico no me refiero a esa ingeniería social. Uso este término en el sentido en que lo define Popper: “… incluye las actividades sociales, tanto privadas como públicas que, para conseguir algún fin o meta, utilizan conscientemente todos los conocimientos tecnológicos disponibles”. (Popper: 2008,79)

Ruego al lector por tanto que quite a esta expresión todo aspecto negativo que tenga o haya podido tener por malos usos en regímenes dictatoriales, abusos publicitarios, manipulación de masas para malos fines, etc. Entiendo por ingeniería social cualquier actividad dirigida a influir en los comportamientos de personas y grupos como forma de modificar estos comportamientos para intentar conseguir los fines, buenos o malos, propios o mandados, de quien realiza esas actividades ingenieriles.

Como también recoge Popper, la ingeniería social fragmentaria considera que los fines están fuera del campo de la tecnología.  Y estoy de acuerdo con ello. Y añado que el método sí está dentro del campo de la tecnología y de la ingeniería social.

Para tratar de aclarar mis ideas sobre estos conceptos, entiendo que es ingeniería social la educación, la publicidad, la programación televisiva, la forma de enfocar las noticias en los periódicos, las manifestaciones de los políticos, la liturgia y el predicar de las religiones, el cine, la literatura, las artes… Todas estas actividades tendrán mayor o menor carácter de ingeniería social según sean sus fines y su influencia en muchas o pocas personas o grupos.

A efectos de nuestras ideas, estas actividades pueden verse de dos formas:

1ª. Desde tiempos inmemoriales, y según las distintas culturas y medios existentes en cada momento en los distintos grupos humanos, estas actividades  suelen perseguir los fines u objetivos de quienes las ejercen. Que pueden o no ser conseguidos con ellas. Y  estas actividades pueden haber sido buenas o malas para los implícitos y  perennes objetivos de supervivencia de la especie. Aunque los actuantes no lo supieran.

Se trataría ahora de que, explícita y gradualmente, los agentes de las ingenierías sociales fragmentarias o parciales, al planificar y realizar sus actuaciones tuvieran en cuenta los objetivos prioritarios de supervivencia de la especie y de bienestar  global. Además, antes, o a la vez, que los suyos propios.  Naturalmente para ello parece conveniente que, basados en la ética universal, existan “códigos éticos” adaptados a los distintos “ingenieros sociales” que existan en cada momento. Con la mayor cobertura posible especialmente en los más influyentes: grandes religiones, ONU, grandes naciones y bloques,… Que a su vez transmitan el mensaje a los entes más pequeños de su campo de influencia.

2ª. Como medios proactivos para la consecución de los objetivos básicos.  La idea es clara. A medida que alguien con capacidad de realizar o encargar ingenierías sociales asuma los objetivos prioritarios,  puede actuar proactivamente para ayudar a su consecución de, al menos, tres maneras:

  1. Como objetivos exclusivos de todas o algunas de sus acciones: comunicación, leyes, predicaciones …
  2. Como objetivo complementario de otros objetivos parciales: conservación de la naturaleza, búsqueda de la paz, otros objetivos sociales…
  3. Evitando resultados “malos” para los objetivos básicos en sus acciones dirigidas a conseguir objetivos parciales. P. e.: no crear odio o desunión al predicar la propia religión, o al buscar la cohesión del propio colectivo, nación, raza…

En general las acciones de uno u otro signo de lo que hemos llamado ingeniería social son fundamentales. Tanto como campo de aplicación reactiva de la “nueva” ética, como para su aplicación proactiva global.  Aplicaciones a realizar de forma gradual, no utópica en el sentido de Popper.  Y como medios, no como objetivos.

10.- Las políticas educativas.

No entro en los contenidos “técnicos”, que deberán cambiar a medida que la economía y la sociedad cambien sus usos y costumbres y sus demandas de bienes y servicios. Me refiero a las políticas educativas como creadoras de moralidad y de opinión. No se trata solamente de crear una asignatura de “ética universal” teórica y aplicada. Se trata también  de revisar los contenidos de todas las materias para que estén de acuerdo con los principios de esa ética universal común basada en la supervivencia y el altruismo / amor. Y naturalmente hacer que en el ambiente y en las actividades educativas se tengan en cuenta estos objetivos. Dentro de los valores y normas existentes en cada cultura y momento,  siempre que estos no vayan contra los principios básicos.

11.- Las políticas económicas y sociales.

Estos son otros aspectos importantísimos. Afectan a todas las ideas y acciones de los políticos, religiones, grupos de opinión…

La Autoridad Mundial, o las naciones o grupos que asuman  explícitamente las ideas básicas, tendrían que revisar sus políticas económicas y sociales a la luz de estos objetivos. Muchas políticas parciales ya tienen en cuenta todo o parte de los objetivos básicos. Aunque no lo sepan o no lo digan.

En cualquier caso, creo que la asunción y aplicación explícita de estos objetivos puede realizarse de forma gradual: por países, productos y servicios, materias primas, medios de producción y distribución, sistemas financieros… La explicitación y aplicación de estas ideas puede hacerse de forma eficaz y eficiente. Y rentable, tanto económica como políticamente, para quienes lo hagan. Si lo hacen bien, con amor y prudencia.

12.- El trato a los marginales.

Llamo marginales a las personas y grupos que viven fuera de las normas éticas. O de los beneficios de los distintos entornos. En una familia será un hijo drogadicto o en paro prolongado, en una ciudad serán los más pobres, los inadaptados,… En un estado serán los movimientos extremos, los creadores de odio, los parados… Planetariamente son marginales las naciones o colectivos más pobres por el motivo que sea, los que crean conflictos y odios, los violentos,…

Con la asunción de las ideas básicas por las estructuras actuales de la ONU, grandes bloques, etc., creo que se podría avanzar bastante en resolver algunos problemas de colectivos y naciones marginales. Operando sobre ellos y sobre su entorno. Y lo mismo en áreas más pequeñas, como ciudades o colectivos concretos de marginados.

La asunción del objetivo de supervivencia de la especie y del altruismo/amor como medio puede justificar y propiciar actuaciones que ahora no se hacen bajo éticas parciales más subjetivas, relativistas o contingentes.

En alguna parte he dicho antes que altruismo/amor no significa blandura ni dejadez. A la par que derechos, los hermanos tienen también deberes. Y el altruismo/amor social debe ser recíproco en lo que cada uno pueda.

13.- Las religiones y otros creadores de éticas propias.

También es clara la importancia de las religiones y de los movimientos y doctrinas  creadores de normas morales.

En general, las buenas religiones y los buenos humanistas, predican éticas que están de acuerdo con las ideas básicas. Como no podía ser menos.

El ejemplo más claro son las religiones del Libro, que tienen en el Génesis el mandato de supervivencia a todos los seres vivos, incluido el hombre: creced y multiplicaos. Y al hombre le responsabiliza además de su cuidado, le encarga que sea altruista. Es la idea básica. Es nuestro objetivo de supervivencia que hasta Jesús se practica individual y grupalmente, por familias por tribus, por reinos, por el pueblo elegido. Y hay buenos y  malos.

Jesús mantiene el mandato y las normas parciales que le parecen buenas, pero además restablece como sujeto a la Humanidad, y ya no hay malos y buenos. Todos somos buenos, o al menos capaces de serlo. Y confirma el segundo mandamiento, el método para seguir creciendo y sobreviviendo: convierte el altruismo grupal en amor fraterno universal. Se anticipa a la ciencia que, recientemente y aún no del todo, se está dando cuenta de que el altruismo/ amor es un método eficaz, a la vez que eficiente, para intentar conseguir los objetivos de sobrevivir y de progresar. Que son también los  fines del proceso evolutivo “científico”.

Es posible que la Iglesia Católica tuviera que adaptar algunos aspectos de sus usos y costumbres contingentes. Pero a eso la Iglesia ya está acostumbrada .Y por lo que he leído estos años, los últimos Papas son los más interesados “buscadores” de verdades científicas y de normas éticas comunes. Siempre que, como en este caso, estén de acuerdo, en lo básico, con los fundamentos de su doctrina.

Los movimientos humanistas y científicos – creyentes, agnósticos o ateos -, también deberán revisar sus actitudes y algunos detalles de sus teorías. Manteniendo las doctrinas que se consideran ciertas en cada una de sus especialidades. Y  deberán admitir que somos una especie que aún tiene mucho que aprender. Especialmente en cosas del espíritu y del comportamiento moral.

14.- Los nacionalismos y otras singularidades.

Por definición, la idea básica está en contra de todo lo que separe a los hombres como especie. De todo lo que rompa la fraternidad universal. De lo que cree conflictos y odios. Si hay que separarse unos de otros debe intentarse como hermanos que mejoran no como enemigos que se odian.

Las ideas básicas no están en contra de las diferencias. Personalmente creo que es bueno que existan muchas y diferentes culturas y tipos humanos. Parece que en caso de catástrofes, epidemias, etc.,  es más probable que se salven  grupos diferentes de aquellos a quienes afectan directamente las pandemias. O  que viven en hábitats distintos a los que puedan afectar los terremotos o las mareas, o los gases, o los  fríos.

En cualquier caso si existe una conciencia universal y global, se acabará llegando a un modelo más eficiente y  racional que el actual. Creo que el mundo ya está yendo en esa dirección. Pero parece que cualquier intento parcial de querer acelerar o forzar esta tendencia para intentar  obtener ventajas personales o grupales es malo. Por la violencia moral, o incluso física, que puede acompañarlo. Y por las ineficiencias sociales y económicas que produce. Y los daños morales a las personas y grupos.

15.- Los delitos o faltas contra la humanidad.

Actualmente están tipificados varios delitos como de lesa humanidad. En general son delitos graves contra las personas o grupos. Se denominan contra la humanidad por ser ejecutados contra civiles por los estados o por organizaciones políticas, como parte de un plan sistemático. Todos ellos son aberrantes. Pero, en principio, no ponen en riesgo la supervivencia de la humanidad.

Creo que con la nueva ética habría que establecer una lista de faltas y delitos “contra la humanidad” que castigara los actos “malos” para la nueva ética, es decir actos contra la supervivencia de la especie y contra el altruismo. Aunque fueran menos graves y su castigo fuera una mera amonestación para los más leves. O la inclusión en una lista de transgresores. Se trataría de crear conciencia sobre las malas prácticas. La lista de faltas y delitos debería ser hecha por los órganos locales de cada cultura, bajo la dirección  y supervisión de los legisladores mundiales si los hubiera. De hecho supongo que la quema de un bosque con mala intención, o el envenenamiento de un rio, son faltas que están tipificadas y que podrían entrar en el catálogo de faltas contra la humanidad. O faltas “universales”.

También, además de repudiar y castigar los actos malos, se podría crear una lista o calificación de personas “malas universales” con distintos grados de maldad.

16.- Virtudes y valores universales.

En sentido contrario y como valores positivos a promover, podría existir una lista de valores y virtudes humanos universales. Y premiar a quienes los tuvieran y ejercieran con títulos de “buenos“, con distintos grados. Y lo mismo para los buenos  actos singulares o continuados. Se podría empezar desde el colegio y seguir durante toda la vida.

Los sujetos a calificar de buenos, o a premiar por sus acciones, pueden ser personas individuales, o colectivos de distintas naturalezas o tamaños. Desde comunidades de vecinos a ciudades o naciones enteras.

Ahora ya existen premios y calificaciones para distintas virtudes: en los colegios, ciudadanos ejemplares, hijos predilectos, hombres del año,  premios de distintas academias y organismos… Habría que revisarlos para que no existan premios que vayan contra la nueva ética. Y confirmar, potenciar y crear los que más favorezcan a los objetivos básicos.  Una virtud a premiar, que supongo ahora ni se menciona, tal vez podría ser la austeridad personal,  la sobriedad.  El derroche de bienes, sobre todo si es público, además del derroche en sí, produce mal ejemplo y envenena la convivencia.

En distintas listas de valores y virtudes sociales que he consultado coinciden el amor, la solidaridad, la honradez, la responsabilidad…  Creo que no sería difícil crear una escala de valores universal a potenciar. Y premiar a los potenciadores: educadores, cineastas, televisiones,…Y en sentido contrario reprimir a quienes promocionen vicios.

Es posible que a algún lector pueda parecerle que estas ideas coartan la libertad del hombre y que tratarían de dirigir y manipular sus conciencias. Así es. Ya  que si no se potencian las virtudes universales válidamente establecidas, o no se dice que son malos los actos universalmente malos, se promocionarán los pecados y se esconderán las virtudes según los intereses parciales de individuos o grupos. Como ahora.

En cualquier caso todo esto son ocurrencias para dar idea de lo que la asunción y aplicación de la nueva ética global podría suponer.  O está ya suponiendo si hay alguien que está intentando establecer “su” ética universal y global sin decirlo.

17.- Las éticas individuales.

Como sabemos, cada persona tiene su propia ética personal implícita que incluye  el principio ético universal perenne, más las éticas heredadas de sus antecesores y la que cada uno ha ido adquiriendo durante su vida en las relaciones con su entorno. Poco más o menos. Y para actuar debe contar también con la ética explícita, externa o heterónoma, (mandamientos, leyes, usos, costumbres…) de los grupos a que pertenece según su entorno.

Creo que en este momento hay bastantes personas que, con distinta intensidad, ya tienen conciencia de pertenecer a la humanidad. Y bastantes de ellas  ejercen, de una u otra forma, una fraternidad humana con el resto de la especie.  A medida que este sentimiento de humanidad se desarrolle y potencie, la ética universal implícita en cada individuo tendrá más fuerza. Y esta fuerza se potenciará con cada acto “bueno” con alcance universal que llegue al individuo.

Y naturalmente la ética universal individual  se potenciaría si se explicita, asume y ejerce la  nueva ética universal en el entorno de individuos y grupos.

Termino aquí el ejemplo, ya que la ética universal explícita funcionará y  se convertirá en ética normativa implícita a medida que se vaya conociendo, asumiendo y ejerciendo por los individuos que formen la especie en cada momento. Y para eso hace falta algún trabajo y mucho altruismo/amor.  ¡Vamos a ello!

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